martes, 12 de abril de 2016

Sexo gay sin tapujos...El legendario Hotel Mazatlán


Llegar al hotel Mazatlán casi a la media noche algo tiene de deporte extremo. Las inmediaciones del Metro Salto del Agua lucen cada vez más solas. Algunos llegan en coche o en taxi. Algunos más aventureros optan por llegar caminando. Sobre la calle Nezahualcóyotl casi no hay luz, a excepción de dos altares a la Virgen de Guadalupe. Al llegar por fin a la esquina con el escondido Callejón de la Igualdad, el cuerpo se relaja un poco. No es precisamente un lugar fresa, se trata de una callejuela escondida entre la colonia Centro, la Obrera y la Doctores. Uno respira tranquilo al constatar que no le chingaron la cartera ni el celular. 

El registro

Sólo llegar al pequeño cubículo que sirve de recepción ya es un chicotazo de adrenalina que corre del estómago hasta la boca. 

-¿Tienes habitaciones? 

-Híjole, nada más de entrada por salida. 

-Está bien. ¿Pero sí es de arriba, verdad? 

-Sí. 

-¿A qué hora vence? 

-A las tres de la mañana. 

-Sale, dame un cuarto. 

-Son 190 pesos.

Mientras el recepcionista busca mi llave, observo un cartel en el que se advierte quepara entrar en el hotel hay que ser mayor de 18 años y comprobarlo mediante IFE, lo que nos asegura que no estamos precisamente en un hotel familiar. Finalmente me entrega la llave del cuarto 31. El hotel tiene planta baja y tres pisos. Me toca en el de hasta arriba. 

Mi pregunta sobre si mi habitación es de los pisos de arriba no es casual. En la planta baja no hay acción, incluso a veces una que otra pareja hetero despistada se queda ahí. Lo bueno está en las plantas superiores. Quienes ahí trabajan saben muy bien de qué va el negocio: prefieren cobrar por unas horas que por el día entero. Saben que pasando unas horas pueden desalojar a los “huéspedes” y dar entrada a una nueva remesa de cuerpos calientes. 


Las habitaciones 

Llego a mi cuarto. Está muy lejos de ser un lugar deseable para quedarse, aunque aquí pocos, muy pocos, vienen a eso. Las colchas son viejas, las teles antiquísimas pero funcionales. Al encenderlas hay, como era previsible, canales porno. La cama es tamaño matrimonial, los burós y cabeceras son de madera y están descarapelados. Hay un papel higiénico nuevo y otro a medio usar. En el baño hay sobrecitos con jabón, shampoo y crema humectante, además de un par de toallas rasposísimas, todo estampado con el logo del hotel. Por supuesto, hay un espejo en la pared junto a la cama, para esos que les gusta verse al momento de la acción o los que se graban con sus celulares. 
Las reglas del juego 

El modus operandi es dejar la puerta abierta y tenderse en la cama, encuerado, a veces masturbándose, esperando a que alguien que pase le guste lo que hay y decida entrar.El outfit preferido por los asistentes son los jockstraps que dejan las nalgas al aire como una invitación, así como los cockrings para mantener las erecciones por más tiempo. 

Hay quienes no esperan y aplican la técnica de vagar por los pasillos, donde varios flirtean y si encuentran algo que les gusta se lo llevan a su cuarto. Aquí el lenguaje corporal es lo más importante: si el cazador de pasillo te llamó la atención, cruzas miradas con él. Si ambos se gustaron, se detienen. Usualmente el activo se soba el pene encima del pantalón para dejar bien claro quién va a penetrar a quién. Si la pareja de ocasión coincide en roles, lo demás será irse a la habitación de uno de los dos. 


Entre amigos 

Es común ver a cuates llegando en grupo después del antro. Cargados muchas veces con poppers, coca o cualquier variedad de “dulces”, arman orgías que duran unas buenas horas. Basta con convencer al recepcionista con una tarifa individual por visitante para que los dejen armar la fiesta en el cuarto. Hasta les conviene: tres, cuatro o cinco hombres en un cuarto que es para dos. No hace falta ser un genio matemático para saber que ahí hay billete. 

No es difícil encontrar material testimonial de estos encuentros: basta con entrar a páginas de videos de sexo amateur y teclear “hotel Mazatlán” o incluso “Maza”, como cariñosamente le dicen algunos, para ver que aquí pasa de todo. El fisting, elbareback, la golden shower e incluso tener acción en los pasillos no tiene nada de raro en este lugar. Y cumpliendo con la profecía de Warhol que afirmaba que en el futuro todos tendrían sus quince minutos de fama, los usuarios del hotel gozan subiendo sus videos para así cosechar votos y comentarios por parte de los espectadores. Trepar el video a la red es la parte final de la experiencia que culmina una noche de sexo sin tapujos. 
Viviéndolo en 3D

Después de vagar por los pasillos y siendo invitado por varios a pasar a sus cuartos para una experiencia uno a uno, al fin encuentro lo que busco: un cuarto con la cortina descorrida con cuatro hombres encuerados donde dos tienen sexo mientras los otros dos se masturban y se besan disfrutando el espectáculo. La puerta está cerrada pero al verme espiando a través de la ventana, me analizan y me dejan pasar. Les gusté. Trago saliva y entro al cuarto. 

No participo. “Ver me excita un chingo, cogen de poca madre”, le digo al activo que penetra a uno más jovencito e intenta meterme mano. Temo que me vayan a mandar lejos por nada más entrar de mirón, pero tengo suerte y no me dicen nada. Los otros dos siguen en lo suyo, pero también me invitan. Observo lo que hay en la cama: ropa, celulares, poppers, aceite de bebé que deduzco están usando como lubricante. 

Las luces están apagadas; sólo la luz del baño y la de la tele ayudan a mis pupilas que intentan adaptarse. Me acerco a la pareja que está en pleno mete y saca para comprobar mis suposiciones: están cogiendo "a pelo". 

El pasivo se da un pasón de poppers y hace gesto de convidarme. Me hago tonto y pongo cara de morbo viendo la escena. El activo bombea más rápido y dice “ya me voy a venir, te voy a preñar bien rico”. Se viene adentro del chavito, que no debe tener más de 22 años. No parece temerle a infectarse de algo: forma parte de la generación YOLO. Para ellos el SIDA es una cosa lejana que ya sólo pasa en las películas. Se viene también. Tengo ganas de decirle “coge todo lo que quieras, pero no mames, los condones son gratis en Salubridad y los dan afuera de los antros. Estás bien pinche morro”. Pero no vine a dar lecciones de moral sino a escribir una crónica. Sólo espero para mis adentros que este chaval no aprenda a la mala que, como en los espejos retrovisores, las cosas están más cerca de lo que aparentan y el VIH sigue siendo una realidad bien chafa. 

La salida

Todavía con muchas ideas retumbándome en la cabeza vuelvo a mi cuarto. Veo las grietas del techo intentando imaginar cuántos habrán cogido en la cama en la que yo ahora estoy tendido. Pienso en lo fácil que seria tachar de irresponsables a estos cuates por la manera en que se arriesgan pero llego a la conclusión de que, ya sea cogiendo a pelo, comiendo garnachas o metiéndole pata al acelerador, todos le hacemos guiños a la muerte. Si no es el SIDA, será la diabetes o la cirrosis. Finalmente a todos nos va a cargar la parca y nos suicidamos un poquito cada día. Al menos ellos gozan de sus cuerpos sudorosos y jadeantes en lugar de esperar quietecitos y bien portados que un cáncer se los lleve. 

Tomo algunas notas en mi libreta, la guardo, me fijo que no haya dejado nada en el cuarto. En el pasillo el recepcionista toca algunas puertas. 

-19, ya se te venció el cuarto. 

-Un ratito más, ni he agarrado nada. 

-Van a ser otros 190. 

A regañadientes, el cuate los paga. Dejo la llave en recepción y salgo del lugar. 

“Hay taxis, chavo”, me dice el recepcionista. Le digo que no gracias, que vivo a unas cuadras. El Callejón de la Igualdad luce vacío, salvo por un perro que hurga con el hocico en un montón de basura. A mi espalda el hotel Mazatlán, el legendario Maza, sigue en pie, y seguirá mientras haya hombres calientes que vengan a dejar su semen, su sudor y por supuesto, sus 190 pesos.
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Una vista internacional de Activos vs. Pasivos



Una vista internacional de Activos vs. Pasivos

Según un sondeo realizado por el sitio de contactos gays Manhunt, revela los países donde exisite un porcentaje mayor de activos vs. Pasivos.

Costa Rica resultó ser el “Alpha” de los activos, mientras que Dinamarca, donde hay más pasivos. Aunque no fue de sorprender que casi todos los países se tuvieron un mayor número de activos que pasivos. ¿Acaso esto significa que hay más activos en todo el mundo?, o solamente que ¿hay mucho más pasivos no declarados?

De activos a pasivos, estos son los resultados:

1. Costa Rica – 62.37%
2. Venezuela – 61.73%
3. Cuba – 61.48%
4. Panama – 60.93%
5. Dominican Republic – 60.88%
6. Colombia – 59.54%
7. Portugal – 58.39%
8. Italy – 58.18%
9. Spain – 57.92%
10. Egypt – 57.71%
11. Argentina – 57.69%
12. India – 57.45%
13. Chile – 57.31%
14. Switzerland – 56.91%
15. New Zealand – 56.60%
16. South Africa – 56.58%
17. Brazil – 56.08%
18. Greece – 55.95%
19. Israel – 55.43%
20. Ireland – 55.12%
21. Philippines – 54.63%
22. Belgium – 54.46%
23. Australia – 54.02%
24. Thailand – 53.41%
25. Mexico – 53.17%
26. Netherlands – 52.95%
27. USA – 52.80%
28. South Korea – 52.26%
29. Canada – 52.01%
30. France – 51.79%
31. Sweden – 51.65%
32. Peru – 51.05%
33. England – 50.64%
34. Germany – 49.56%
35. China – 49.48%
36. Indonesia – 48.92%
37. Russia – 48.69%
38. Malaysia – 48.51%
39. Taiwan – 46.95%
40. Denmark – 46.40%
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FIM DE ANO (2011) CHEGANDO... COMENTÁRIOS RÁPIDOS

2011 tá indo, que venha 2012 com tuudo de bom! Brinde! Abaixo segue minhas percepções dos lugares, até o presente momento. Espero que te ajudem de alguma forma:

MELHOR SAUNA - ESTRUTURA: Dragon (Fortaleza), Olimpo (BH) e Club Odeon (BH). Fiquei em dúvida qual escolher. São lugares agradáveis e limpos, com espaço e opções.

MELHOR SAUNA - DIVERSÃO: Termas Boavista (Recife) e Très Chic (Campinas) – tudo acontece e ninguém fica no zero. VALE A PENA DEMAIS!

PIOR SAUNA: Termas Rio Branco (Natal) – feia, velha, suja, sem conservação, sem programação e gente muito baixo-astral.

SAUNA BONITA MAS PARADA: Fox (Salvador) - limpa, estrutura ótima, rústica, bem localizada, mas repleta de michês meia-boca e de gente sem atitude e feia.

SAUNA LOTAÇÃO GARANTIDA: Paradise (Salvador) - enche de gente, todos os tipos, mas o povo é devagar... começa e não termina, além de ser quente em todos ambientes.

SAUNA VALE A PENA CONFERIR: Termas 12 (Salvador) - por ser um puteiro-cabará. Leve amigos para beber e rir a berça ou vá na intenção de pagar pra fazer sexo.

MELHOR CINEMÃO: Cine Ponto Zen (São Paulo) - localização, estrutura e bar legal. Cine Boavista (Recife) - estrutura legal, programação, não é tão escura, cabines free, suites legais (custo a mais).

PIOR CINEMÃO: Cine Majestic (Fortaleza) - escuro, entendiante, filmes ruins, público sinistro de feio, podrão.


MELHOR PROPOSTA: Video Hunter (Floripa) - localizado no Centro, fácil acesso, espaço legal, bar bom, filmes bacanas, labirinto cheio de fetiches, povo vai pra entrar em ação.

PIOR PROPOSTA: Cine Papai (Natal) - nem cinema é. Trata-se de uma série de saletas com TVs transmitindo filmes (ótimos). O lugar é pequeno, quente, sujo e não dá gente interessante. PODRIDÃO.

MELHOR BAR: Donnana pub (Natal) - música, boa comida e bebida, espaço pequeno mas charmoso.

LUGAR PARA BEBER: Qualquer bar na região do Centro/Nazaré/Reduto/Umarizal de Belém do Pará, sempre rola paquera, por mais que você ache que o lugar seja HETERO.

CIDADES: RECIFE, BELÉM e FLORIPA - são lugares com muitas opções GLS e para passear e passar o tempo da maneira mais agradável.

CIDADE DE ATIVOS: Belém.

CIDADE DE PASSIVOS: Natal.

CIDADE COM GENTE QUENTE E TARADA: Belém, Recife e Floripa.

CIDADE COM GENTE PARADA E SEM ÂNIMO: BH, Natal e João Pessoa.

CIDADE COM GENTE MORALISTA: BH - o povo de lá adora conversar, mas tomem cuidado com os assuntos e atos, sexo é muito tabu ali.

CIDADE COM PESSOAS QUE SE LIMITAM A PROPAGANDA:Salvador (foi a maior decepção, pois apesar de ter muito negro, o povo só fica na conversinha, não fode nada).

CIDADE DE GENTE LIMITADA: Natal - você provavelmente nunca saberá o que se passa na cabeça de um Natalense, ou porque ele fala pouco, ou faz pouco, ou não fala nem faz. Enigmáticos e enfadonhos.

GOSTAM DE CONVERSAR: CARIOCAS, MINEIROS, CAMPINEIROS.

EDUCADOS E ATENCIOSOS: CAMPINEIROS

ATENDEM BEM: CARIOCAS E CAMPINEIROS

ATENDEM PÉSSIMO: Soterapolitanos (ai decepção de Salvador...)

CHARME BREJEIRO: povo de Belém e Fortaleza.

NEGROS E LOIROS LINDOS: BH

NEGROS LINDOS: Salvador

MULATOS DELICIOSOS: Recife e Rio de Janeiro

MELHOR ESTABELECIMENTO DE PRAIA: Barraca do Joca (Fortaleza) - comidas e bebidas legais e funciona o dia e a noite. point de gays e afins. Joquinha dá dicas de michÊs da Praia de Iracema pra quem quer.

MELHOR PRAIA: Galheta (Floripa) - voce pode ficar pelado, trepar, fazer orgia e etc.

LUGAR LINDO E AGRADÁVEL: Rio de Janeiro, Floripa

COMUNHÃO ENTRE HOMEM E NATUREZA: Floripa

MELHOR NOITE EM BOATE: Metropole (Recife) - porém muito "hetero", Cine Ideal (Rio), Vogue Natal (Natal), Hache (Belém) - apesar de muitos casais, Josefine (BH) - apesar de ser mega cara e pretenciosa.

MELHOR NOITE PATIFARIA: MKB (Recife) e Danger (São Paulo) - tem shows excitantes e lugar para você se pegar.

MELHOR DOMINGUEIRA: Mineiro Bill (BH) - o lugar mais interessante e divertido que já pisei.

BATEPAPO FERVIDO: Belém

MELHOR VIRADA DE ANO: CANOA QUEBRADA - CE (é lá que estarei esse fim de 2011, huruu!!!)
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domingo, 10 de abril de 2016

Exploramos los rincones oscuros de los saunas gays de Bogotá

La sensación al cruzar el umbral es la de una Alicia a través del espejo. La luz, la calle fría, la sequedad del aire, la presión de la ropa son reemplazadas por la penumbra, el vapor, la humedad y la desnudez emancipadora del interior. Lo más difícil, al principio, es no saber qué hacer con las manos. Tu único agarre al mundo conocido, al aceptado, al normado, es una toalla diseñada especialmente para desatarse. Estás al límite, "entre dos espacios, donde los principios antagonistas se enfrentan y el mundo se invierte", diría Bourdieu.

Me he decidido a visitar por segunda vez un sauna gay luego de pasar una tarde solitaria frente a la computadora. Él —mi sexo fijo y psicoanalista en casos eventuales— anda de vacaciones. Para subirme el humor he repetido hasta el cansancio La concejala antropófaga, ese cortometraje cachondo y perfecto de Almodóvar, al que siempre regreso para escuchar que "el deseo es el principal motor de una sociedad mejor". Luego de una deriva de hashtags, likes, spams, algo fácilmente digerible, gay_cumshots, reviso la guía gay de Colombia que me ofrece siete saunas en Bogotá, de los cuales solo conozco el Bagoas, un club ubicado al norte de la ciudad que se precia de ser la única casa de baños para hombres de la capital que abre 24 horas los fines de semana.

Por recomendación de un amigo que andaba preocupado por mi relación —cuatro años y aún vírgenes en asuntos orgiásticos— y luego de que mi editor, coincidencialmente, lo sugiriera como experimento periodístico, decidí visitar el Bagoas junto a mi novio, Daniel, hace un mes. Él solo tenía en su marco de referencia una experiencia desafortunada en un video gay en Medellín, que me había descrito como un lugar sórdido, de pasadizos húmedos y asfixiantes, que olía a mierda y desinfectante e incitaba a todo menos al sexo. Por mi parte, a mis 24 años, mis únicas referencias sobre "ese tipo de lugares" eran dos retratos antónimos: El baño turco de Ferzan Özpetek y el laberíntico Rectum deIrreversible.

Eso y los desafortunados retratos ofrecidos por la prensa nacional, que hace unos meses había informado sobre el cierre de Dark Club, uno de los pocos lugares dedicados al BDSM en Bogotá. Aun cuando la noticia en realidad iba sobre la venta de cocaína y las condiciones de insalubridad del sitio, el escándalo para uno de los periodistas era que en la ciudad existieran establecimientos "donde ofrecen sadomasoquismo para sus clientes", como si se tratara de una nueva modalidad de "paseo millonario" o una sala de "chuzadas" del Ejército.

Es entendible entonces que de camino al Bagoas mis pensamientos flotaran por aguas sórdidas y pornográficas. Escenas con cadenas, lenguas lamiendo botas, fisting y penetraciones dobles, una guerra librada por ejércitos de hombres desnudos en éxtasis de popper y perico. Y lo que es peor, no podía sospechar más allá de mis prejuicios sobre el tipo de sujetos que frecuentaban esos ambientes: sátiros ancianos con erecciones perpetuas que practicaban sexo anal sin protección con puticos efebos en un caldo de corridas infecciosas.


Cuando Daniel y yo estuvimos frente al garaje enrejado de una casa de dos pisos en el barrio Quinta Camacho, dudamos de la dirección. No había señales ni carteles que delataran al Bagoas. Apenas dos carros parqueados, las ventanas sin luces, la calle silenciosa, fría, típica de una zona residencial del norte de Bogotá a las 11 de la noche. Mientras nos fumábamos un porro y evaluábamos la posibilidad de irnos, la puerta se abrió. Salió un hombre de unos treinta y tantos años, de rostro tranquilo, y tras él el sonido de un pop fácil, lejano. El tipo miró a lado y lado de la calle, como intentando evitar ser descubierto. Empujó la reja sin seguro y se fue.

Pensé que a último minuto iba a arrepentirme. Hasta ese momento no había digerido el asunto de mi propia desnudez, mi puesta en público, el ritual previo de deshacerme del pudor que me generarían los ojos de otros puestos sobre mi diminuto esqueleto. Luego me refugié en el comodín de anonimato que significaba ser un visitante pasajero.

La imagen del segundo círculo del infierno se evaporó esa noche entre la variedad de cuerpos y las múltiples posibilidades de deseos, mientras jugaba con Daniel a adivinar vidas y elaborar un bestiario: los búhos ancianos que satisfacían su deseo con solo ver; las hordas de lobos de gimnasio que se arrinconaban en la penumbra alrededor de una presa pasiva, tan consciente de su rol que no había lugar a la violencia; los pollos con caras de universitarios, inexpertos y curiosos, que se entretenían con solo tocar... Me sorprendió la honestidad del lugar, en el que el consenso es ley: nadie obliga, nadie hiere, todos disfrutan. Al final, tuve la sensación de que todos estábamos convocados allí por algo en común que trascendía lo sexual, eso que el sociólogo Michel Maffesoli llama la celebración de lo divino social, de la comunidad, o tal vez algo menos aprehensible.

Un mes después, con la ansiedad entre las piernas después de una semana de soledad y aislamiento, me encuentro frente a Cómplices Spa, a unas cuadras de mi casa, en el corazón del Centro Internacional de Bogotá.

Cuando abrieron el sitio en el 99 era solo un video gay (en este mundo, un video es un local con cabinas y cuartos oscuros en el que se proyectan películas porno y, básicamente, se folla). Según me relató después el administrador —un cuarentón diligente retirado del ejército que decidió montarlo junto a un compañero de filas— no llevaban ni tres meses cuando la policía realizó un allanamiento. "Nos sacó los clientes. Entraron y atropellaron a la gente. Instauré una demanda en contra del Estado, el Ministerio de Defensa, la Policía Nacional. Después vinieron y pidieron disculpas. Yo les demostré, por conocimiento que tengo, que sí fue un allanamiento ilegal sin orden, sin inspección, sin juzgado".

Luego adquirieron la casa que quedaba justo detrás para construir la zona húmeda. Demoraron ocho años para poder asegurar el negocio. Ni siquiera los bancos les abrían créditos por tratarse de un sitio dirigido a un público gay. "Siempre sacan evasivas por los prejuicios que hay, la mojigatería". Pero la mayor resistencia vino por parte de los vecinos. La Seccional de Investigación Criminal de la Policía (Sijin) les hizo seguimiento por cerca de veinte días por denuncias de supuestos robos, explotación de menores y grabación de material pornográfico al interior del lugar. Aunque este y otros casos se han cerrado a favor del negocio, el administrador mantiene un archivo grueso de las denuncias y tutelas, reservadas para casos eventuales. Sobre si los vecinos se enteraron por conocimiento propio o a causa de una avivada y curiosa imaginación, lo que se pueda concluir es simple rumor.

En realidad, ahora en la puerta de Cómplices, a escasas cuadras de una de las universidades privadas más prestigiosas del país, me doy cuenta de que no hay nada especial que lo delate entre los apartamentos y negocios que lo rodean. No es una casa tradicional como el Bagoas, pero podría pasar por una bodega, las oficinas de alguna firma publicitaria o un búnker de inteligencia militar. Las ventanas están vedadas, algunos clientes entran y salen mirando a todos lados.

El plus del sitio es que al mismo tiempo es bar, sauna y video. Se puede pagar la tercera parte de la entrada para permanecer en el bar-video, o acceder al tour completo y llegar hasta el fondo, a la zona húmeda. Curioseo un rato por el bar. En el lobby, las caras ebrias y movidas de una suerte de Toulouse-Lautrec acompañan desde la pared a un viejo solitario que me mira desde un sofá. Camino al fondo, los orinales sin puertas, la barra vacía de un bar cualquiera a las cinco de la tarde y una zona de internet. Nada especial, hasta que reparo en una puerta casi imperceptible que conduce a una serie de cabinas iluminadas apenas por unos televisores viejos: bareback, creampie, blowjob, facial. La figura de un hombre me vigila desde la oscuridad, al final del pasillo. Paso a su lado y le pregunto por la entrada al sauna y me indica que debo subir las escaleras.

La cosa mejora gradualmente en el segundo piso, que resulta ser un híbrido entre salón kitsch de recepciones para quinceañeras y una locación almodovariana. Un mundo transitorio de baldosines tipo ajedrez y paredes rosadas con cuadros de hombres desnudos, aunque los clientes aquí permanecen vestidos. Cruzo una mirada con un chico de unos 25 años sentado en un diván, pantalones ajustados, camisa a cuadros y mostacho incluido. Merodeo un rato y entro al juego de un grupo de hombres mayores de 40 que caminan uno tras otro por el gran corredor, salen a fumar a la terraza o se sientan en las salas de televisión para ver las noticias o la telenovela.

Se me hace extraña tanta compostura, tanta asepsia en el trato, tanto olor a ambientador de pastilla. Las únicas voces que me llegan son las de un grupo de hombres con pintas de ejecutivos que hablan en el balcón interno que sirve de panóptico para el bar. El resto no cruza palabra, sino miradas, chocan entre sí, pero no alcanzo a presenciar ni un beso. Por un momento tengo la sensación de estar en un centro de reposo para esquizofrénicos en crisis que vagan y buscan algo que no logro comprender.

Hasta que al fin entiendo. Cuando veo las cortinas confirmo que en estos saunas nada pasa en las zonas iluminadas; acá, "las prácticas orgiásticas", como apuntó Maffesolí en sus aproximaciones sociológicas, transcurren "en las tinieblas o en la penumbra". He ahí la razón de las telas pesadas que los hombres traspasan constantemente y que delimitan algunos cuartos creando lagos de oscuridad. Camino por un pasillo antes de aventarme a atravesar alguna. Hay un grupo de chicos más jóvenes que parecen estar menos ansiosos pero activan el radar cuando alguien pasa. Sonríen entre ellos y luego regresan los ojos sobre sus celulares si no les interesa. Y en el caso contrario, una simple sonrisa o una mirada intensa mientras se corre la cortina son suficientes para invitar a un encuentro.

Al traspasar las cortinas la sensación de noche es perpetua. Vuelve mi curiosidad por presenciar algo, y no digo observarlo porque aquí dentro queda mucho a la imaginación de los otros sentidos. ¡Moagk! ¡Moagk! El sonido de las chupadas a mi lado, luego algo —quizá una mano— hurga en mi pantalón. Me acostumbro a la oscuridad y descubro la silueta arrodillada de un hombre calvo que intenta desabrochar mi cremallera con una mano, mientras con la otra masturba a un fantasma que aparece a mi lado. Alguien entra y enciende la luz de un celular para tantear el terreno. El animal inseguro termina por pausar toda la acción de la habitación con la luz, y revela la escena de un hombre alto y delgado en taparrabo siendo penetrado por un viejo panzón y más pequeño. Le toco el hombro al calvo en señal de "suficiente" y busco la salida al corredor. Por ahora solo quiero jugar al voyeur. Las manos intentan retenerme pero se pierden nuevamente en la penumbra.

Al fin encuentro la puerta de acceso a la zona húmeda.

Mientras me entregan el taparrabo y las llaves del casillero, puedo ver a los voyeurs del video observar por los vidrios que separan ambos mundos, ansiosos por pescar algún pedazo de piel. A partir de este instante he adquirido pasaporte de anónimo y la ropa comienza a estorbar. No es cuestión de libido, sino un pacto adquirido con los otros. La toalla, el taparrabo o la desnudez absoluta por la que optan algunos clientes terminan por instalar una igualdad, si no de oportunidades, por lo menos de posibilidades.

Entre los casilleros alcanzo a notar una señal de tránsito que dice "uno a uno". Resulta ser la pista para una habitación escondida tan premeditadamente que termina por ser obvia. Después de un túnel pequeño entro a un agujero negro. La oscuridad es más absorbente que las penumbras del video. La música del bar se hace casi imperceptible. Ciego, tanteo con mis manos al frente para no ir a tropezar con alguien, pero parece que no hay nadie.

Sobre esta habitación me hablará luego el administrador cuando me relate la anécdota de un hombre que llegó hasta su oficina —gafas de sol y sombrero, aunque no me lo crean—, para pedirle que encendiera la luz. El día anterior había perdido un anillo de oro en este cuarto oscuro. Solo pedía punto en boca, total reserva. "Era un caballero de avanzada edad. Nos dijo: 'mire, se me cayó en la parte oscura, yo soy tal persona'. Era un clérigo. Una persona de la iglesia de un rango alto. Uno ve que todos necesitamos de un espacio, tenemos una fantasía y necesitamos a veces cumplirla. Yo tengo aquí muchísimos clientes de las comunidades religiosas. Respetables y bienvenidas todas esas vainas acá. Por eso existen estos negocios, porque la gente puede venir y expresar lo que no puede hacer afuera (...) el día que la sociedad sea capaz de enfrentar los gustos y respetar a las personas por lo que son y no por sus preferencias sexuales, ese día se acabarán muchísimos problemas. La gente vive estresada tratando de demostrar lo que no es".

Pasa un momento hasta que descubro los barrotes con mis manos. Creo que he llegado al centro de la habitación. Como si activara una alarma, una mano llega del otro lado hasta mi entrepierna, accesible bajo la tela del taparrabo. Intento palpar el cuerpo al que pertenece, los vellos en el brazo, la tela sobre el hombro. La habitación resulta ser un puente entre el mundo de los vestidos y el de los desnudos. Comienzo a sentirme de una raza diferente. Le permito que juegue un rato pero ya tuve suficiente del video. Quiero ver más.

Regreso a mi deriva por el segundo piso de la zona húmeda. En las duchas abiertas algunos clientes se dan el último baño para regresar a sus respectivas y revestidas vidas. Al fondo me encuentro con un laberinto de cabinas con televisores, una puerta entreabierta y un hombre recostado bocabajo en la colchoneta y sin taparrabo, la señal inequívoca de una ofrenda pasiva a la espera de un lobo activo que decida devorarla. Estas cabinas también tienen su anécdota, alguna vez un tipo le pidió permiso al administrador para romper la regla, entrar vestido y cumplir su fantasía de ser penetrado mientras llevaba una faldita de colegiala.

Una de las cabinas está cerrada. Me mueve la curiosidad de ver qué hay detrás de la puerta. Empujo y cede. En la habitación de un metro cuadrado, un cuarteto de cuerpos sudorosos se dan la batalla por la gran corrida: al fondo un maduro canoso se la clava a un veinteañero delgado, mientras los más cercanos a la puerta —en rango de edad similar a la de sus roommates—, optan por una felación clásica. Los únicos que no notan mi presencia son los dos gringos incipientes que cabalgan a pelo en la pantalla del televisor que me ilumina la escena. No me animo a seguir, comienzo a sentirme un cobarde, a pesar de que alcanzo a distinguir una sonrisa de complacencia silenciada por una verga.

Bajo las escaleras siguiendo el vapor del eucalipto. Algunos hombres desfilan hacia el sauna y los dos jacuzzis, en el extremo trasero de la casa. Paso de largo el primero, he estado demasiado seco.

Como si se tratara de una regla tácita instalada a último momento, entro en el jacuzzi donde un grupo de cinco chicos en edades similares a la mía cruzan miradas sin mediar palabra. Si bien hay música de fondo, la sensación de silencio es mucho mayor que en el video, a pesar de las risas de tres hombres maduros que comparten el otro jacuzzi, justo al frente. De vez en cuando voltean la cara para olisquear qué tan cocinados estamos los pollos de la alberca vecina. Al igual que en el Bagoas, me doy cuenta de que estas áreas comunes e iluminadas sirven más para evaluar posibles ligues que para tener sexo.

Pero a diferencia del Bagoas, aquí parece haber más carne joven. Seguramente por las universidades que circundan la zona y las promociones y descuentos que ofrece el sitio para los "pollos", que aunque no escasean tampoco son la media del lugar. Según me contó Arkángel, un exmasajista del Bagoas que conocí por Hornet —el Tinder gay— días después de mi visita, el 70% de los hombres que frecuentan los saunas está entre los 30 y los 35 años, en su mayoría ejecutivos con algo de poder adquisitivo. Los pollos, en cambio, son un bien que se agota fácilmente y abandonan rápido el lugar. Según Arkángel, porque suelen gastar en la entrada lo que llevan encima, y solo cuentan con la buena voluntad de los extraños

En la piscina, un moreno de hombros anchos y rasgos costeños ha comenzado a rozarme el pie aprovechando la pantalla de agua. Me mira de vez en cuando y luego me coteja con los otros. Lo dejo que siga su ruta hasta alcanzar mi muslo, y mientras tanto descubro una cara conocida. Un chico con cuerpo de nadador de unos 25 años, que Daniel y yo habíamos estado persiguiendo la otra noche en el Bagoas. Lo habíamos clasificado como Tiburón, porque lo encontramos flotando en el agua fingiendo que dormía y en toda la noche no hizo más que evitar a cualquiera que se le acercara.

Uno de los hombres del otro jacuzzi sale del agua y revela su barriga de oso en decadencia con una capa de vellos grises. Cruza hacia el territorio de los pollos para intentar un ataque. Hace parte del tercer grupo que me había descrito Arkángel, los búhos, señores entre los 45 y 55 años que vienen a matar el tiempo intentando cazar algo. Entra al agua y se sienta a mi lado, obligando al moreno a retirar su pierna. Evado su mirada, que siento sobre mi cuello. Echa un vistazo a los demás, pero vuelve sobre mí, que parezco casi un adolescente.

—¿Hola, cómo te llamas?

Aunque me lo dice al oído, presiento que los otros chicos alcanzan a escuchar desde sus esquinas. No estaba preparado para que alguien preguntara mi nombre, y me siento como un espía descubierto.

—Martín —invento al paso, con un hilo de voz que delata que no he hablado en toda la noche.

—¿Y cuántos años tienes, Martín?

—21 —de repente quiero seguirle el juego, saber hasta dónde llegará.

Luego de preguntarme a qué me dedicaba me confiesa que él solía ser negociante. No da más detalles. Solo que ahora es pensionado y tiene 55. Sospecho que también se ha restado años. Luego del breve diálogo cree haber logrado su cometido. Entonces me propone subir, aclarando que es activo. Subir significa encerrarnos en una cabina. Ante mi negativa me advierte que puede ofrecerme algo a cambio: 30.000 pesos es su apuesta inicial.

Salgo indignado de la piscina, no tanto por el gesto del hombre como por la cifra, que apenas alcanza para cubrir el costo de la entrada. "No hay santos", recuerdo la frase de Ricardo Darín en Nueve Reinas mientras camino hacia el turco, "lo que hay son tarifas diferentes".

Arkángel me había hablado de este tipo de situaciones. No sin algo de reserva, al advertirme que no era una cuestión que comprometiera a los establecimientos. Era un contrato aparte, un negocio cerrado en cualquier bar o restaurante. Ante mi pregunta de si veía en eso cierto rasgo de prostitución me contestó: "llamarlo prostitución como tal no creería. Sí y no. Prostitución sería como si yo todos los días estuviera en un sauna distinto y viviera de eso. Pero sí creo que no falta el que venga y diga: 'de aquí me voy a levantar mínimo una cerveza o algo más. Al menos que me lleve hasta la casa o a comer'".

En el turco solo encuentro a tres hombres esperando por la ducha fría. Hay poca actividad acá adentro y he perdido la concepción del tiempo. Quizá vayan siendo las nueve, una hora para el cierre, y el lugar se esté vaciando de clientes. Pero un gran ventanal tras la ducha del turco me revela un lugar que no había previsto.

Salgo de allí, no quiero perderme nada de esta casa. Busco la puerta que resulta estar justo al frente del sauna. Un gran corredor me ofrece dos vías: una piscina romana coronada por un león que bota agua por la boca, o seguir hasta el fondo, que se difumina por el vapor. Opto por lo más próximo, animado por dos hombres tatuados que se besan bajo el león. En el instante en que me sumerjo veo pasar al Tiburón caminando por el pasillo hacia el fondo desconocido. Tras él ha entrado también el viejo negociante a dar la revancha. Se me acerca sin entrar al agua y su tarifa sube 10.000 pesos.

Pero me decido por conocer el último rincón de la gran casa y salgo del agua. Atravieso la cortina de vapor hacia el fondo. Hay otra serie de cabinas, todas vacías, y al frente una hilera de sillas plásticas ocupadas por varios chicos. Zona de ligue fácil, supongo. El Tiburón vigila desde la pared del fondo, le lanzo una mirada de anzuelo pero, sorprendido, se la acepta al negociante que ha estado tras de mí. Supongo que aquí adentro hay oferta para todos y el Tiburón buscaba algo con más sangre.

Ambos rodean la pared y se pierden en el vapor y la oscuridad, revelándome que se trata de un muro falso. ¿Aún hay más fondo?

Apenas hasta ahora soy consciente de la geografía de mi recorrido, del gran laberinto que es esta casa. Bogotá ha quedado allá afuera y yo estoy en el centro de un remolino. Me entrego a la penumbra del cuarto oscuro que esconde la pared, mientras los hombres de las sillas entran y me empujan hacia el fondo. Abandono la última soga que me une al exterior, mi taparrabo. No hay nada que mirar, el cuarto es un caleidoscopio que responde al tacto.

Las formas varían a medida que me acerco al centro. Mi ego se desvanece en un magma confuso. Soy testigo táctil del rito del caos. Acá adentro estamos los exiliados del mundo exterior. Los que nos encerramos en los baños de los centros comerciales mientras ustedes observan vitrinas, los que nos escondemos entre los matorrales de los parques mientras pasean a sus perros. Los outsiders, los perversos. Celebramos aquello que nos une y nos convoca aquí adentro. Nuestro sexo es estéril y asusta, porque se agota en el instante y no produce mano de obra ni soldados, ni sirvientas.

Aquí formamos una masa compacta. El vapor y la penumbra aligeran el peso de nuestro secreto.
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Saunas Gays en Bogotá - Chapinero

LA PLAYA: es un sauna ubicado en la localidad de chapinero, en la zona de los mariachis. Las instalaciones aunque recientes son muy aburridas y es bastante pequeño. La primera impresión que me dio apenas ingresé la vez que fui, es que estaba ingresando a un garaje, es sumamente oscuro y hasta claustrofóbico para algunos. La zona de lockers, ducha y baños es muy fea e incómoda. El turco es muy pequeño al igual que el sauna, aunque éste es muy agradable y al fondo tiene un cuarto que se presta para morbo y no se que más, no he vuelto para averiguarlo. Cuenta con algunas cabinas de relax que sirven para hacer lo que sabemos y salir inmediatamente. No hay nada mas por decir de las instalaciones porque son muy pequeñas. El casting es de gente madura, le pongo un promedio de edad de 50 años, y tristemente los visitantes mayores son muy intensos. Se ve uno que otro joven pintoso pero la verdad es que no es un sitio para ellos. Es un lugar económico. Siento cierta culpa por escribir lo que escribí porque sé que los desanimo a ir pero la idea es ser honesto. El servicio es muy bueno y tienen detalles que podrían animar en un mal rato.



POSEIDON: es un sauna ubicado en la localidad de chapinero sobre la calle 57. Fue inaugurado este año por lo cual sus instalaciones son nuevas y agradables. Es muy amplio, tan amplio que a veces parece que le falta algo, principalmente en el tercer piso. Cuenta con un sauna de doble cabina muy amplio aunque no se presta para mucho morbo, un jacuzzi al que le deben cuidar el aseo pero es agradable, unas duchas que se prestan para miraditas, un turco muy chévere aunque poco funcional porque la ubicación de la fuente de calor se presta para accidentes, pero sitio fijo de morbo si hay pocos visitantes. Cuenta con muchas cabinas de relax muy agradables que invitan a repetir polvo y al final una sala de video en la que he tenido dos momentos eróticos muy amenos. Es un buen sitio aunque debe pulir algunos detalles de sus instalaciones pero sin duda vale la pena visitarlo. Además es uno de los más económicos de Bogotá y tiene una programación para diferentes gustos. El casting del lugar es variado, va de todo, principalmente osos y adultos jóvenes. Si asisten pueden solicitar servicio de masajes y no se arrepentirán del servicio.



DAGOAS: Es un sauna ubicado en chapinero por la calle de las discotecas. Este realmente es amado por los jóvenes y adultos jóvenes, lo consideran como el mejor de Bogotá pero en mi criterio no le alcanza para tanto. Es un lugar bonito, vistoso, con un mobiliario que no es común ver en un sauna. El turco es ameno aunque no muy grande en comparación con otros saunas pero si se dan las cosas se puede tener sexo allí. El sauna es mas normalito pero también es lugar de morbo, es uno de los lugares más transitados. Uno de los mejores sitios del local es el jacuzzi o piscina romana o lo que sea, es un lugar espectacular que se presta para todo pero le quita el encanto que este en la parte central del local porque todo quien pase por allí ve lo que está pasando. Pero eso tiene solución, o ingresar temprano o irse de últimas, así puede aprovechar para una buena tirada en la piscina. El resto del local es muy agradable, buenas cabinas de relax, buen bar, lugares de caza muy sugestivos y cómodos. Si a usted le gustan los hombres con buen cuerpo y jóvenes, este lugar los agrupa a todos, es un deleite a la vista. Lo único jarto es que levantar allí es difícil si no se tiene buen cuerpo o se es demasiado mayor. El servicio es normal, no se destaca por nada pero tampoco tiene ninguna queja. La invitación es para que lo conozca y se una al club de fans o pase un rato ameno que seguro lo pasara.


SAINT MORITZ: Es un sauna emblemático de chapinero no sé por qué. Se encuentra ubicado en la zona de los productos eléctricos por la carrera 13. El local es grande y si le hubieran invertido en buenos materiales y acabos seria tal vez el mejor sauna de Bogotá. Desafortunadamente el local en su planta física tiene aspectos que no lo hacen lucir. La zona de lockers es muy amplia y se presta para miradas morbosas. El sauna es totalmente oscuro y es común encontrarse con una orgia allí. Se puede tener sexo con un desconocido si así se quiere. Las cabinas de relax son un poco húmedas y oscuras, no son muy cómodas. La zona de baños, duchas y bar son normalitas, nada del otro mundo. El segundo piso del local cuenta con el turco más grande de todos los saunas gay de Bogotá. Dentro del turco esta el jacuzzi que no es muy cómodo porque todo quien ingresa al lugar pasa por allí y ve todo. Hay tres zonas del turco que son de acción fija, en estos lugares se arman orgias de todo tipo pero por alguna extraña razón se disuelven muy rápido. Hay una pequeña zona de video que a veces puede prestarse para levantes. El casting del lugar es muy variado, va de todo, jóvenes, adultos jóvenes, adultos, osos, maduros, viejitos todo lo que quiera ver, lo verá allí, principalmente sábados y domingos. Algo que hace la diferencia de este lugar en comparación con otros es su grupo de masajistas, hay para todos los gustos, vale la pena hacer el gasto porque se pasa bien. El servicio es normal, no tiene nada de especial.
PDT: es mi sauna favorito, tal vez porque he tenido muy buenas experiencias de todo tipo, porque me gusta la gente que va, por lo cómodo que me queda para conseguir trasporte, no sé. 


El Mediterráneo: Es un sauna y baño turco ubicado en la localidad de Chapinero, detrás de la clínica del niño de colsubsidio. Sus instalaciones conservan mucho de la historia de la casa donde queda el local, solo fueron adecuados los lugares que lo requerían pero el resto del sitio conserva ese ambiente clásico, esto es algo que molestará a algunos ya que esperaran encontrar un sitio moderno o mas trabajado y el lugar les podría parecer anticuado y carente de mantenimiento. En el primer piso encontramos el lobby donde se cancela el servicio, la zona de lockers (nada del otro mundo), un patio con la barra desde donde se puede ver todas las zonas de transito del local y una batería de baños. También queda allí en ese piso el baño turco antecedido por una duchas que se prestan para observar morbosamente a quienes se bañan desprevenidos. El turco como tal no es de gran tamaño y da la impresión de estar lleno, esto sumado a la iluminación, hace que no sea muy fácil hacer cosasricas allí. Subiendo las escaleras queda el sauna que tiene una distribución extraña para muchos, igualmente es muy iluminado y poco se presta para que se arme una orgia. Sin embargo se puede hacer cosas cuando el local no esta tan lleno. En el siguiente piso (no sé si es segundo o tercero, ustedes lo sabrán cuando asistan) queda el jacuzzi que no tiene nada de extraordinario, pero tal vez es uno de los pocos lugares donde se puede dar morbo más fácil por la ubicación escondida. Sigue la zona de cabinas que no es mala y finaliza en un cuarto de video donde pasa de todo tras cortinas (cuando asistan lo entenderán). En este cuarto oscuro, que no es tan oscuro, se arman verdaderos grupos de morbo, manosiadas y tiradas que pagan la boleta. Hay muchos espacios del lugar mal aprovechados como el parqueadero del primer piso, o un cuarto que queda subiendo las terceras escaleras. La población que asiste al local es en su gran mayoría de osos y maduros, algo a tener en cuenta de acuerdo a sus gustos. Se pasa bien en el sitio, lo jarto es cuando está muy lleno ya que no queda espacio para el morbo sino toca levantar de una vez, tirar y ya. No es un lugar costoso y todos los miércoles hay nudismo. A veces también hay eventos con show de strippers. También hay masajistas pero no creo que valga la pena pagar por ese servicio porque los tipos son osos y no muy atractivos. 

Bagoas: Es un sauna y baño turco ubicado en Chapinero, en la quinta Camacho. El local se encuentra ubicado en una casa que conserva mucho de los detalles de la construcción original. Obviamente fue adaptado a los requerimientos del negocio pero logra combinar esos dos ambientes. El local cuenta con una zona de café, una zona donde hay algunas maquinas de gimnasia, jacuzzi (se pasa bien allí), zona de relax, sauna y turco. En general el local es agradable y se presta para una buena estancia, lo que realmente le da el plus al local es que los días viernes y sábado es de amanecida así que tiene toda una noche para levantar y tirar hasta que se canse. La única vez que he amanecido en el local no fue muy cómodo por las cabinas y porque me canse como a las 2 y ya queda uno hay sin hacer nada. El casting del local es principalmente de jóvenes y de adultos jóvenes aunque también se ven ososy maduros. Muchos consideran este lugar como el mejor sauna de Bogotá y tal vez le alcance si mejoran algunas cosas como las cabinas de relax y ampliar el turco. El costo del sitio varía dependiendo del día y la hora en la que usted vaya, puesto que no es lo mismo ir un martes a las 4 pm que un sábado a las 10 pm., así que si planea ir, organice su presupuesto para que la pase bien rico y pueda acceder a todos los servicios del local. Si va, no se arrepentirá. 





Babylon Baths: Considerado por muchos el mejor sauna de Bogotá, está ubicado en Chapinero en la calle 73 con carrera 15. El local aunque tiene detalles poco estéticos en cuanto a su construcción en general es muy bueno. En el primer piso cuenta con dos zonas de lockers separadas, unas cabinas de relax que conducen a una zona de video que se presta para morbo y para expiar a quienes se cambian en una de las zonas de lockers. También hay un pasillo en una de las zonas de lockers que conduce al jacuzzi que está totalmente aislado del resto del local. En este lugar hay dos duchas muy agradables, sillas para morbosear, perdón para descansar y el jacuzzi como tal donde pasa de todo y con muy poco público que interrumpa la acción. Volviendo a las zonas comunes hay una escalera que conduce al segundo piso donde se encuentra el resto de la acción del local. Por un lado está un sauna pequeño con video, morbo fijo, una sauna mucho más grande en donde realmente no pasa nada, el bar, la pista de baile, las sillas de relax, las duchas muy eróticas y estimulantes (zona de banquete de ojo y roce deliciosa), las cabinas de relax a las que yo llamo de estilo industrial aunque para muchos pueden ser horribles pero muy prolijas y suficientes para la acción de todo el local y finalmente el baño turco. El turco despista a cualquiera porque pareciera ser el lugar más normalito y sin gracia de todos los saunas de Bogotá pero la realidad es que es un laberinto de vapor y humedad que conducen al fondo de la acción, a un cuarto sin salida donde hombres con hombres desnudos y erectos, se rozan, se tocan, se lamen, se penetran y se hacen de todo con la complicidad de quienes están allí. Es un lugar donde el erotismo, el morbo y el porno conviven, eso sí, deben tener mucha resistencia porque el ambiente del turco cansa y quita el aliento literalmente. El casting es sin lugar a dudas de los mejores, van muchos tipos jóvenes y con cuerpos de modelo, jóvenes, adultos jóvenes y uno que otro oso. Yo no me atrevería a decir que es el mejor pero quienes afirman eso tienen todos los argumentos y yo no los desmentiré. Es un sitio costoso en comparación a los demás sitios de este tipo en Bogotá, pero tenga la seguridad que si asiste allí la va a pasar muy bien.


Creo que no me falto ningún sauna en Bogotá. Espero sus comentarios para confrontar opiniones y me gustaría que me indicaran sobre el tema de la próxima entrada. Me gustaría mucho escribir sobre los tipos de hombres que se pueden encontrar en un sauna o sobre los mejores y peores saunas en Bogotá o sobre los saunas y sus visitantes o sobre las primeras experiencias en un sauna… en fin, espero sus comentarios. Si tienen alguna duda o quieren orientación sobre los sitios, pueden preguntar también en los comentarios o en el correo. Bye.
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Saunas Gays en Bogotá

En Bogotá se encuentra una variada oferta de saunas y baños turcos para la comunidad gay. Lugares como plaza de las Américas, el centro internacional o el infaltable chapinero, acogen estos lugares que aunque satanizado por muchos, son tal vez uno de los pocos lugares donde se puede vivir una verdadera experiencia erótica y donde se puede expresar de forma libre nuestra sexualidad.
En la actualidad, Bogotá cuenta con más de 10 saunas o baños turcos con una diversa variedad de servicios y opciones para todos los gustos como veremos a continuación.



Nuvo: Es un sauna relativamente nuevo, ubicado a una calle del centro comercial Plaza de las Américas en una zona que poca actividad gay ofrece. Sin embargo Nuvo ha sabido posicionarse gracias a unas instalaciones de muy buena calidad (zona de lockeres cómoda, una baño turco muy amplio, un jacuzzi que de verdad invita a relajarse o simplemente morbosear con quien este allí, una buena zona de cabinas de relax (risas), un sauna decente y un cuarto oscuro que no se ha sabido utilizar muy bien) y un casting que para la mayoría podría ser de mucho agrado y placer. La atención es excelente y sí usted está muy bueno, posiblemente podría hacerle un buen oral al administrador del local que no está nada mal. La mayoría de gente que asiste al lugar es de un promedio de edad de 28 años, la mayoría muy atractivos y acuerpados y para los que le corren a los viejitos intensos, allí se encuentran muy pocos. Es una muy buena opción si se encuentra al sur de la ciudad pero a veces falta acción. Está invitando para que vaya y arme desorden.
Nota: El sauna ofrece servicio de nudismo pero realmente no se cumple.



Club de Baltimore: Es una sauna y baño turco emblemático en la ciudad, uno de los primeros en ser inaugurado y uno de los más exclusivos del mercado. Ubicado en el centro internacional, sus instalaciones son un poco anticuadas pero bien conservadas, tiene servicio de habitaciones y funciona 24 horas. Es lugar de encuentro de hombres maduros (promedio de edad de 49 aproximadamente) y de jóvenes que sienten atracción por las canas. Tristemente también se ven hombres vividores que van detrás de las billeteras de los más acaudalados visitantes, no en vano es el sauna más costoso de toda Bogotá. Sí decide ir, prepárese para gastarse sus buenos pesos, pero los valen si sabe a que va porque el sitio se presta para buenos levantes y ratos bien morbo-eróticos. Cualquier bogotano que disfrute de los saunas y baños turcos gay debe visitar Baltimore porque es un lugar de tradición para la comunidad gay en Bogotá.

Sauna y Baños Turcos ULISES: Otro tradicional de la ciudad. Ubicado en el centro internacional,


este sauna está enfocado en la comunidad Bear bogotana (osos y gordos). Sus instalaciones no son muy vistosas y están bastante deterioradas, en sus inicios sin duda fue un gran lugar, pero el paso del tiempo y la poca inversión en las instalaciones lo convierten en un lugar anticuado. Sin embargo el espacio destinado al turco es muy bueno y se presta para todo, el segundo piso tiene dos grandes salas de video donde se puede hacer literalmente de todo y tiene un cuarto oscuro donde siempre hay acción. De las cabinas de relax si no se puede decir nada bueno y el sauna está muy desmejorado. Como dije anteriormente el casting es de osos y gordos, el promedio de edad de los visitantes es de 55 
años y mas pero si a usted le gustan los osos y los gordos, debe ir a ULISES porque hay mucha variedad. De hecho una de las experiencias más eróticas que he tenido ha ocurrido en este lugar. Las veces que he ido he visto verdaderos modelos en busca de un oso, un gordo o un maduro. 



Casa Romana: No tengo ni idea de la historia de este lugar. Solo sé que fue el primer sauna al que ingrese y que fue una experiencia que nunca olvidare. Este lugar se encuentra en el centro internacional y no está muy definida su población porque el sitio niega que sea un sauna de maduros pero la música y los visitantes dicen lo contrario. Es entendible, los jóvenes solo van buscando polvo, no les interesa hacer vida social en una barra de licores, mientras que los maduros si gastan en trago y propinas a cambio de un poco de atención. El local a los ojos de muchos es anticuado porque

conserva la esencia de la construcción original pero para otros, incluyéndome, me parece agradable a pesar que los baños y duchas son muy incomodos. El turco no es muy grande pero se presta para morbo y si no hay mirones, se puede hacer de todo, el sauna tampoco es grande pero si es un lugar de acción fija, allí realmente se arman orgias. Las cabinas de relax son agradables y la zona de video se presta para jugueteos. El personal es atento y cuenta con masajistas por si le interesa. El promedio de edad está por encima de los 55 años, así que si gusta de los maduros vaya a Casa Romana. 

Nota: Este es uno de los pocos saunas que ofrece show de desnudistas y sexo en vivo.



Cómplices SPA: El mejor para muchos, uno de los mejores para mi. Ubicado en el centro internacional, este sitio es de verdad un lugar espectacular, no solo por sus instalaciones ni por el casting sino por el ambiente. Una parte del lugar está destinado al servicio de VIDEO y la otra parte cuenta con un sauna y baño turco donde pasa de todo. La zona de lockeres es amplia y cómoda, hay días de nudismo y días de ropa interior así que si piensa recrear la vista lo puede hacer de manera descarada ya que a donde fije sus ojos vera algo placentero. La zona húmeda no es muy grande pero el espacio fue tan bien distribuido que hay múltiples ambientes para que pase de todo. La zona húmeda cuenta con piscina romana (manoseada fija), dos súper jacuzzis (manoseada fija), un sauna respetable y un baño turco que despista porque parece pequeño e inocente pero en el fondo, literalmente, se encuentra una zona del turco donde la lujuria y el sexo se mezclan dando lugar a una orgia interminable donde la oscuridad impide inhibir el cuerpo. Los visitantes son de todo tipo y de todas las edades, aunque predominan adultos jóvenes, jóvenes y osos. La mayoría de los visitantes tienen cuerpos de modelo. Si no le da vergüenza, los días de nudismo son uff. Vale la pena mencionar que es uno de los lugares más costosos pero no es impagable. Además va muchísima gente así que va a la fija. 

Nota: Las cabinas de relax cuentan con televisor donde proyectan películas… bueno ya saben el resto.
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Buenos Aires: BOLICHES GAY, LAS DOS CARAS

Buenos Aires es conocida por sus largas, apasionadas y alocadas noches, donde gran cantidad de chicos y chicas disfrutan de la vida nocturna y buscan pasar buenos momentos junto a sus parejas, amigos y gente querida. La gran diversidad de lugares que ofrece la city porteña atrae a más de uno: bares con distintas ondas temáticas, Pub Crawl en San Telmo y plaza Serrano, movidas artísticas y culturales, shows cómicos como los conocidos Stand up y sobre todo, una gran variedad de lugares bailables para todos los gustos. Entre ellos están los boliches gay. Muchos pibes creen que estos lugares son exclusivos para homosexuales, pero esto no es así. Un montón de chicos y chicas heterosexuales eligen pasar sus noches bailando y divirtiéndose en los tantos boliches gay que se encuentran ubicados en distintos barrios de la ciudad. Pero muchos otros admiten que tienen un rechazo o un “tabú” de acercarse a un boliche de este estilo. En general este desagrado hacia esos lugares se debe a preconceptos o rumores que nunca se saben bien de dónde vienen.

Estamos en el año 2014 y la homosexualidad ya es parte del escenario urbano porteño. Hombres abrazados y mujeres caminando de la mano es una escena que se puede encontrar en las calles de Buenos Aires, si uno quiere abrir un poquito los ojos. Esto es algo que también se ve reflejado en otras grandes ciudades como Rosario, Córdoba capital, La Plata, Mar del Plata y Paraná. Tal vez, las parejas homosexuales tienen un cierto rechazo en pequeños poblados o asentamientos rurales que, por costumbres, religión o ideologías propias, le dan la espalda a este tipo de parejas. Sin embargo, este “rechazo” ha ido desapareciendo a través del tiempo y ya son muy pocas las personas que ignoran o destratan a los homosexuales. La sanción de la ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo en el 2010 fue un gran avance. Permitió que algunos sectores conservadores recapacitaran y observarán que la aprobación de esta ley no era tan “catastrófica” como ellos planteaban. Y así fue. Esta nueva ley no provocó ni un declive en la sociedad ni nada por el estilo. Países como Bélgica, Brasil, Canadá, España, Francia, Dinamarca, Holanda, Noruega, Nueva Zelanda, Portugal, Reino Unido, Sudáfrica, ya habían instalado en sus sociedades esta ley, mucho antes que la Argentina. Y en todos ellos termino siendo un gran avance en materia de Derechos Humanos.

Los boliches gays son lugares para bailar como cualquier otro. Se encuentran presentes en todos los países nombrados anteriormente y en muchas naciones donde aún no hay leyes que aprueben el matrimonio igualitario. Con respecto a la Argentina, los boliches gays ya estaban presentes en la mayoría de las ciudades del país muchos antes que se sancionara la ley de matrimonio igualitario. Seguramente y como se ha visto en los últimos años, muchos chicos y chicas van a animarse a decir públicamente su orientación sexual sin vergüenza y sin miedo de ser discriminado, y sabiendo que hay leyes y distintos organismos que los protegen.

La experiencia de dos hombres con distinta orientación sexual es contada a continuación. Ellos relatan sus anécdotas en boliches gay:

Mauro tiene 31 años, vive en Palermo y es gerente de varios locales gastronómicos. Nació en la ciudad de Junín, provincia de Buenos Aires y a los 18 años se vino a estudiar la carrera de Relaciones Internacionales, poco después de haber admitido su homosexualidad a su familia y amigos. Él cuenta su experiencia en boliches gay:

¿Cuándo fue la primera vez que fuiste a un boliche gay?

Habrá sido 12 años atrás más o menos, creo que en el año 2001, 2002, si no me equivoco. Cuando fui por primera vez tenía 18 o 19 años.

¿A cuál fuiste?

Amérika fue el primero, que está en Gascón y Córdoba. Fui cuando recién abría. En ese momento estaba muy bueno.

¿Por qué se te dio ir a un boliche gay?

La primera vez que fui era porque iban unas amigas, me invitaron, me insistieron mucho y bueno accedí.

¿Qué idea o imagen tenías de estos antes de ir por primera vez?

La idea o el concepto que tenía de los boliches gay venían de rumores que me habían dicho algunos conocidos o imágenes que había visto en la tele. Lo veía como un “antro” lleno de gente pervertida. Eran todos puros prejuicios porque nunca lo había podido comprobar. A pesar de ser gay, la verdad es que yo también tenía una fea imagen de estos boliches.

¿Después de ir a bailar allí, ¿te cambio esa imagen que tenías?

Sí, esa “mala” imagen me cambió completamente. Nada que ver con lo que yo pensaba o con lo que me habían dicho. Lo que vi en Amérika es que era un lugar donde había toda una movida artística, bailarinas, bailarines, un montón de travestis con mucha producción, buena música, mucha de esta no se escuchaba casi en ningún lado. Había también muy buena onda, la gente se divertía como en ningún lugar, con mucha libertad y fue eso lo que terminé descubriendo.

Amérika es conocido por presentarse muchos famosos, ¿Has visto alguno?

Sí, a un montonazo! Guido Suller, Samanta Farjat, Natalia De Negri, Florencia de la V, Moria Casan y Sofía Gala.

¿A cuántos boliches gay fuiste? ¿Cuáles?

Y no sé a cuántos fui. Habrán sido 10 o más. Seeches, Rheo (que está en la Costanera); Contramano, que si no me equivoco ya cerró; Glam y Amérika. Después está toda la modalidad nueva de los boliches que organizan fiestas en teatros y distintos lugares como Fiestas Plop y Eyeliner.

¿Cuál de esos fue el que más te gustó?

Creo que las fiestas Plop y Glam son los que más me atraen, sobre todo por la música.

¿Y el que menos te gustó?

Y hoy, el que menos me gusta es Nitches, porque no me agrada el ambiente de gente que hay ahí, mucha gente promiscua o muchas personas desubicadas que se regalan sexualmente y se vuelven un poco pesados. Pero bueno, esto hoy en día pasa en todo tipo de boliches. No hay que decir que eso solo sucede en los ambientes gays porque no es así.

¿Observás que hubo un cambio en la sociedad a partir de la ley de género sancionada en mayo de 2012?

Lo que veo es que desde que se sancionó esa ley la sociedad está mucho más abierta a estos temas. Ya no hay problema con que alguien sea gay, lesbiana o bisexual. Es cosa de uno. Y esto lo puedo ver en los boliches. Por ahí sigue en debate el tema de la adopción. Yo estoy a favor, pero bueno, eso es un tema aparte. Además la ley ya está aprobada. Creo que ha sido un gran avance para la Argentina en materia de derechos humanos. Eso me pone muy contento porque siento que el Estado piensa también en los grupos minoritarios.

¿Recomendarías a chicos y chicas heterosexuales a perder el miedo, el tabú, de ir a boliches gays?

Sí, totalmente. Me parece que es una onda diferente, con un ambiente distinto. Son fiestas y boliches donde la gente le pone mucha más onda y el ambiente es relajado. Hay muchos boliches gays que son atractivos para heterosexuales por la buena música que pasan. Pero creo que no hay nada que temerle a los boliches gays. Hoy en día tenés muchos ambientes distintos, como está la onda heavy metal con sus propios boliches y bares, ambiente dark, hip hop o bailantas de cumbia. Y los boliches gay como todos estos lugares, tienen el acceso abierto a todas las personas.

Maximiliano es heterosexual, tiene 23 años y es estudiante de gastronomía. Vive por Belgrano, a pocas cuadras de la casa de su novia. Su pensamiento acerca de los boliches gays ha cambiado a partir de que fue a bailar a uno. Él entrega su relato:

¿A qué boliche gay fuiste por primera vez?

Por primera vez fui a la fiesta Jolie en febrero de este año, que está ahí cerca de Plaza Serrano, en la calle Costa Rica. También fui a la fiesta Plop, en el Teatro Vortherix y a Rheo, que no me gustó mucho porque es muy cheto.

¿Por qué decidiste ir a uno de esos boliches?

Digamos que la primera vez que fui a un boliche gay fue porque a mi novia le gustaba mucho esa movida, la onda y la música que había en esos lugares. Al principio no quería ir, siempre me habían asustado un poco los homosexuales y tomaba distancia de esos lugares pero después de un tiempo, ella me hizo entender que no había nada de malo en ser gay o ir a un boliche gay. Cada uno sabe lo que hace y no hay que meterse en la vida personal de los demás. También tenía entendido que a estos boliches solo iban homosexuales, pero después entendí y pude ver que a esos lugares van gays, lesbianas, heterosexuales y hasta en algunos se ven travestis.

¿Qué pensabas de los homosexuales antes de ir a un boliche gay?

La idea que tenía era por no conocer o no relacionarme con personas o amigos de gays. A los homosexuales los tenía como que todos eran unas “locas” terribles que lo único que buscaban era sexo y eso a mí nunca me gusto. Sinceramente prefería alejarme de ese ambiente.

Después de ir a bailar, ¿te cambió ese pensamiento?

Sí, terrible! Mi novia me ayudó mucho en eso. Ella es una chica muy abierta a todos estos temas y logró que yo pueda tener más tolerancia con las personas que no tenían los mismos gustos que yo. Te puedo llegar a decir que hoy en día me gusta más la Fiesta Plop que un boliche normal, ese lugar me encanta. Suelo ir bastante seguido. Pasan mucha electrónica que es lo que más me gusta.

¿Y qué pasa si un chico te viene a tirar onda?

Los chicos no se te están tirando encima, ni nada por el estilo. Cada uno está en la suya y si uno viene a tirarme onda hay que ser tolerante y le explico que no me gustan los hombres, y aunque quisiera estar con el chico, no podría porque mi novia me mata (se ríe).

Pero lo que no me gusta es cuando alguno se pone medio borracho, cargoso y empieza a hincharme para que le dé un beso. Pero bueno, pasa en todos lados. No hay nada de que asustarse. Le decís que no y punto.

¿Recomendarías a chicos y chicas heterosexuales a perder el miedo, el tabú de ir a boliches gays?

Sí, obvio. Hay que perder el miedo de ir a esos lugares. Yo nunca había ido a un boliche gay y sin conocerlo, me causaba rechazo. Pero fíjate, una vez que fui mi cabeza cambió completamente. Por eso le recomendaría a cualquier persona ir a un boliche de ese estilo. Se van a cagar de risa. Seguramente vayan a pasar una noche divertida, diferente y eso le abre la cabeza a muchas personas. Y si alguno tiene alguna duda, puede ir a cualquiera de los tantos boliches gays que hay acá en Buenos Aires, para que uno mismo pueda hacer su propio análisis como lo hice yo.
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