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lunes, 17 de octubre de 2016

Cruising en Cuba: Gozar la papeleta


Los sitios de cruising (relaciones homosexuales en espacios públicos) no son nada nuevo. Son, por el contario, algo tan viejo como el sexo mismo. En La Habana, se conocen popularmente como las “potajeras”.

No voy a hablar de sexo porque todo el mundo habla de sexo. No es el morbo que pueda provocar el sexo entre hombres lo que lleva a uno a contar estas historias y estos lugares. Contaré lo que contaré porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. Porque no podemos dejar de decir…

El sexo, algo tan universal y simple, se complica cuando se hace fuera de cuatro paredes. Un sitio decruising (un lugar público frecuentado por hombres que buscan sexo gay) es, por eso, un lugar de reyerta.

Mientras unos dicen que está bien que todos disfruten su sexualidad como quieran, otros hablan de lo público y de lo moral. Y aquí todo se enreda. ¿Qué es exhibirse impúdicamente? ¿Cuándo un lugar es público? ¿Está bien el cruising, o es una aberración?*

La Playa del Chivo es uno de los lugares de sexo gay más antiguos y frecuentados de La Habana. Por eso fui a la costa a saber cómo funciona este sitio de cruising, un espacio al que no solo van hombres homosexuales, sino también hombres casados que prefieren el anonimato, bugarrones, y gente que busca relaciones homosexuales sin tener que decirle a nadie su nombre ni su dirección.

La Playa del Chivo queda entre la salida del Túnel de La Habana y el reparto Camilo Cienfuegos, uno de los ocho consejos populares del municipio Habana del Este. Se llama así porque tradicionalmente se ha criado chivos y ovejas en la costa. Es natural pensar que, si alguien sabe lo que ocurre aquí, es Víctor Blanco, un pastor que vigila su rebaño desde la piedra donde está sentado. Víctor va todos los días a la Playa con sus animales, desde por la tarde, hasta que cae la noche.

«Ya a esto no se le dice la Playa del Chivo», dice el pastor. « ¿Tú sabes cómo se le dice?: La “Patera”. Fíjate que hay un grupo de gente en el reparto, amistades mías, que me “dan cuero” y me dicen: Oye, te veo bajando mucho para allá. Tú tienes tu “patico” por allá». Yo les digo: «No coman mierda, que a mí todo el mundo me conoce y sabe que he tenido una pila de mujeres.

«Ellos empezaron a meterse por donde está la parada de la 400, a la entrada del reparto. También muchos tipos descarados les enseñaban el miembro a las mujeres. Los vecinos se quejaban y entonces comenzaron a desplazarse para acá…Tienen esta zona como si fuera un territorio libre para ellos. Pero a veces la Policía viene y les da jaque. A veces los deja y así, por temporada.

Antier yo andaba con los animales por aquí y venía un carro patrullero por el camino. Cogieron a unos cuantos. La Policía los paró y les pidió el carnet. Pero después los dejó irse».

Dicen que han matado gente aquí…

Ha habido sus “muertecitos”, sí. Hace como siete meses encontraron a un hombre muerto por la parada de la 400, que llevaba como un mes y pico ahí, podrido. A los poquitos días de eso, a otro le dieron una puñalada.

¿A usted qué le parece lo que hacen los hombres aquí?

Eso es una falta de respeto. No deben admitirlo. Yo he visto parejas por aquí que han venido hasta con niños, normal, natural, y se han topado con el fenómeno.

Esa gente anda en hilo dental como si fueran mujeres. Tú los ves paseándose por ahí como para que tú los vaciles. Por eso yo no hablo con ninguno. Ellos por allá y yo por acá.

Para eso hay lugares, donde nadie tiene que verte. Yo tengo nietos a los que no puedo decirles: «Vamos allá atrás con los chivos». He traído a uno de ellos pocas veces, pero ya está grandecito y fuerte, y yo hablo con él y le explico por lo claro. Aquí mismo donde estoy es un nido de ellos. Mira los preservativos.

¿Alguna vez ellos han hablado con usted?

Sí, como no. Y me han pedido candela. Yo les digo que no fumo. El reloj lo uso dentro del bolsillo para que no me pregunten ni la hora. Porque ellos vienen a sacar confianza, a ver cómo se acercan.

¿Y qué es lo que ve más: jóvenes o viejos?

Hay de todo, jóvenes y viejos, pero más jóvenes que viejos. Y de todos los colores.

Ahora voy para allá a ver si puedo conversar con alguno de ellos… ¿cree que estos vayan para allá?

Sí, ellos sí.

¿Y cómo usted los reconoce?

Porque a aquel lo veo siempre (señalando a uno de dos hombres que acababan de pasar).

Pero parece extranjero…

Sí, hasta los extranjeros vienen a «gozar la papeleta».

El que señala es porque el camino sabe

Dejé al pastor y me fui a la orilla del mar, llena de esas rocas que se llaman dienteperros, y que forman en algunas partes de la costa una especie de pocetas naturales de agua acumulada. Allí se bañaban tres hombres desnudos, pero cuando intenté acercarme para conversar con ellos, comenzaron a vestirse. No lo intenté una segunda vez.

Regresé y vi, sentado sobre una piedra bajo el sol, a un muchacho semi travestido. Tenía unos jeans ajustados y una camiseta roja de mujer, de esas que dicen “Bebe” en piedrecitas brillantes.

Me acerqué al muchacho, que rozaba los 19 años. Me dijo, un poco cohibido, que no estaba allí para hacer «nada». Que solo esperaba a su novio. Mientras hablaba con él, un hombre negro en bañador se sobaba el miembro debajo de las uvas caletas más cercanas, mirándonos conversar.

Comencé por preguntarle dónde vivía. Pensé que es interesante saber qué cantidad de kilómetros sería capaz de desplazarse un hombre para tener sexo con otro. Vivía en Guanabo, lo cual podía significar que había viajado alrededor de veinticinco kilómetros hasta la Playa.

«Mis amiguitos me han hablado de otros sitios para tener sexo, pero no he ido a más ninguno. He oído de la rotonda de Cojímar, en la primera parada del P8, antes de Alamar».

¿Y este sito específicamente qué te parece?

Fatal. Me han dicho que han encontrado personas muertas, y también se dice que viene la gente “bajitucha”. Había oído muchísimo de este lugar, pero no sabía cómo llegar aquí. Mi novio me propuso venir porque yo no puedo ir a su casa, y él no puede ir a la mía.

¿Tu novio ha venido antes?

«Pienso que sí. El que señala es porque el camino sabe».

Nos reímos. Uno tiene que andar siempre riéndose en estos lugares. Reír inspira confianza aquí. Les hace pensar a los otros que no los increpas. Yo en realidad no increpo a nadie, pero ellos no tienen por qué saberlo.

Cada cual va a donde le gusta

Encima de una columna de concreto echada sobre la arena, un hombre flaco leía. «Ya a mis cincuenta y tres años ¿qué me falta por ver? Yo tengo una hija de quince, y si el día de mañana le da por estar con una mujer no la voy a tirar del edificio para abajo. Además, estamos el siglo XXI. Las “cosas” hay que hacerlas más discretas, pero yo creo que quienes vienen no tienen ni donde “hacerlo”».

¿Es frecuente que la gente venga a leer aquí?

Mucho. Y a hacer brujería también. Pero más en el verano. ¿Tú quieres coger esto bien lleno desde por la mañana?: en junio, julio. Yo veo lo que pasa aquí muy normal. Cada cual que elija su vida, su propia idiosincrasia. Creo que si ellos tuvieran un lugar no vendrían aquí. En todos los países hay lugares adonde ir. El que tenga lugar y venga aquí es ya porque le gusta. Porque yo te voy a decir una cosa: aquí cada cual va a donde le gusta y a donde le conviene.
La Policía

La Estación de Policía a la que conducen a las personas detenidas en el Chivo está en Cojímar. El capitán Eddy Cala Guilián, quien ha sido por más de cinco años el jefe de la Policía en el reparto Camilo Cienfuegos, dice que tienen un carro patrullero haciendo recorridos en la Playa durante las veinticuatro horas, en cuatro turnos diferentes de trabajo.

«Hemos detenido homosexuales y los hemos trasladado a la estación, pero en esto hemos sido cuidadosos porque muchos de ellos piensan que estamos reprimiendo sus diferencias sexuales, y no es así. Nosotros lo que hacemos es alertarlos de los delincuentes. Ahí se han cometido delitos de robo con violencia».

Eddy Cala dice que no está al tanto de ningún asesinato en la Playa. Sin embargo, en entrevista con Rafael Caldas, especialista del Centro Nacional de Prevención de las ITS y el VIH/sida (CNP), se supo que en diciembre de 2009 un promotor de salud del Centro llamado Yohan Arrebato fue estrangulado en la zona.

El Chivo tiene una larga data de rumores sobre asesinatos y violencia, de manera general. El especialista en Estudios Culturales Avelino V. Couceiro dice en su texto Los pingueros y sus clientes (La Habana, 2006) que «Ya en la tercera década del siglo XX, un escándalo de la violación de un cadete por colegas suyos en la Playa del Chivo fue motivo para una película silente que nunca sobrevivió a la censura».

La mayoría de los oficiales de Policía a los que se les pregunte sobre las detenciones de personas en estos sitios de sexo dirá más o menos lo mismo que el capitán Eddy Cala. Algo más o menos así: «Nuestro trabajo es garantizar la tranquilidad ciudadana», «El móvil de los traslados a la estación es investigar a quien no lleve su identificación, y que las personas justifiquen su presencia en el lugar», «Solo les advertimos que deben cuidarse, como parte de medidas preventivas».

Sería ignorancia desestimar el papel de la Policía en lugares en los que se roba y se mata, pero bajo el tamiz del robo y del asesinato, muchos oficiales de Policía maltratan y multan a personas que no se han exhibido impúdicamente, ni han cometido delitos.

Casi nadie reclama una multa de ese tipo, ni lleva el asunto hasta sus últimas consecuencias, ora porque muchos son hombres casados a los que no conviene ser vistos en un sitio de sexo gay, ora porque la mayoría siente vergüenza de decir que va a estos lugares.

Si ustedes solo previenen (le pregunto al oficial), si ustedes no reprimen la homosexualidad ¿por qué quienes andan con su carnet de identidad y no tienen antecedentes penales les tienen tanto miedo a la Policía, y se echan a correr nada más de ver el carro patrullero?

«Ahora sí me la pusiste en China. No sé», dijo.

Miedo y espanto

Del cruising prácticamente no se ha hablado en Cuba, mientras que en otros países le han sacado hasta películas al tema. Al Pacino protagoniza Cruising, de William Friedkin, en 1980, sobre un asesino en serie que va por varios sitios gringos de sexo matando hombres.

En el momento en que alguien nombre el asunto en Cuba, entonces se va a armar. Habrá miedo y habrá espanto. Probablemente alguien alce la mano y diga que es soez y prosaico y que la gente no está preparada para escuchar sobre esto, ignorando que en última instancia la gente siempre debería estar preparada para escuchar sobre otra gente.

Por desgracia, cada vez que sufrimos una carencia durante un tiempo muy prolongado, no sabemos cómo lidiar con el objeto de esta carencia una vez que aparece. Con la información pasa exactamente así.

El cruising en La Habana es más complejo que un grupo de hombres teniendo sexo en lugares públicos. Cualquiera, no ya estos hombres, se ha revolcado con alguien en la primera oscuridad.

Lo que saca a estas zonas del lugar común es que en ellas puedes encontrar a un abogado como puedes encontrar a un delincuente. Una vez que se ha llegado a un sitio de sexo gay todos los hombres se mezclan y se confunden. Todos los hombres, por más o menos tiempo, se tratan como iguales.

*En entrevista personal (20 de febrero de 2013) el abogado Manuel Vázquez Seijido, asesor jurídico del CENESEX, asegura que regulaciones en torno a estos sitios no resultan necesarias, pues lo imprescindible es «entender y hacer entender la real aplicación de lo dispuesto actualmente en las leyes».

El especialista se refiere a la interpretación que algunos operadores del derecho hacen del artículo 303 sobre Ultraje Sexual del Código Penal vigente, correspondiente a 1987. Dicho artículo, que fuera modificado en 1997, suprimiéndose de él la alusión directa a la homosexualidad como un motivo de escándalo público, dicta que: «Se sanciona con privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas al que:

1. Acose a otro con requerimientos sexuales.

2. Ofenda el pudor o las buenas costumbres con exhibiciones o actos obscenos.

3. Produzca o ponga en circulación publicaciones, grabados, cintas cinematográficas o magnetofónicas, grabaciones, fotografías u otros objetos que resulten obscenos, tendentes a pervertir o degradar las costumbres» (Colectivo de autores, 2003, p. 146).

Las contradicciones se generan a partir de las propias diferencias que varían entre sitio y sitio, algunos de los cuáles son más visibles que otros. Vázquez prefiere hablar de «visible» y no de «público» al referirse a dichos espacios. «La cuestión respecto a estos sitios no es sin son públicos, sino si son visibles. Con el concepto de público nos enredamos. Se trata de qué posibilidades reales existen de ofender la moral y las buenas costumbres. Las regulaciones nunca hablan de espacios públicos. Si tú lo haces desde la ventana de tu casa y pasan personas y te ven, hay exhibicionismo, y hay delito, sin embargo no es un espacio público», señala.

Muchos lugares de cruising, además, tienen un carácter sumamente ambiguo, al ser visitados también por hombres que se masturban en público, práctica que sí está manifiestamente penada por la ley.
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domingo, 23 de agosto de 2015

Dejad que los gays vengan a mí

Humboldt 52, el bar gay de moda, ya es la efigie del estereotipo. El show de la travesti que interpreta a Rocío Jurado entre espasmos y golpes a puño cerrado en el medio del pecho, y la congregación de pingueros con sus viejos extranjeros colgándoles del cuello como arrugadas mantas de visón. “Dejad que los gays vengan a mí”, parecen decir los dueños de Humboldt 52, que no abrieron el bar porque son muy buenos, sino porque son muy inteligentes. Los dueños se dieron cuenta (y no son los primeros en hacerlo), de que si un público paga lo que tenga que pagar por tener dónde divertirse libremente en las noches es el público gay. Con la apertura al Cuentapropismo y la aprobación de la Ley de Inversión Extranjera en Cuba, más de un negocio particular ha pensado seriamente en volverse homosexual. Ahora ser amistoso con la causa gay es rentable en La Habana. Humboldt 52, estratégicamente ubicado cerca de las calles 23 y Malecón y, por tanto, en uno de los circuitos nocturnos gay más activos en La Habana, abre todos los días de la semana, desde el 25 de mayo del año pasado. Mariela Castro estuvo en su inauguración. El Gueto La idea del gueto cuando vas a las fiestas gay no es tan descabellada. Muchos de estos sitios nocturnos son lo más parecido a cofradías estrictamente cerradas y exclusivas, donde las personas homosexuales se recluyen del mundo externo, y se confinan a un aislamiento que es el resultado inconsciente de la propia búsqueda de la libertad: la libertad, por error, trocada en encierro. Hace un mes le hice la pregunta a Mariela Castro. ¿Es el gueto lo que suprime la exclusión? Mariela Castro respondió: “Lo que nosotros defendemos es que la población LGBTI[1] ocupe los mismos espacios que la población heterosexual. Hay lugares en los que espontáneamente ha surgido este tipo de espectáculo donde va población LGBTI. Para nosotros no están considerados como guetos, sino como espacios artísticos de preferencias culturales. No estamos a favor del gueto, sino de la integración social: que todos participemos en todo”. Federico Graña, un activista uruguayo que estuvo de visita en Cuba durante el mes de mayo cuando se celebró la VII Jornada Contra la Homofobia, habló de cómo se han operado en Uruguay los cambios en favor de la inclusión de la población homosexual en las dinámicas comunes. “En Uruguay –cuenta Federico- hace tres años dos muchachos que se besaron en una discoteca “heterosexual” fueron expulsados de allí. Esto causó un escándalo, y a raíz del hecho se realizó gran cantidad de “movidas”. Así es que se avanza. “Veo que aquí hay un proceso para generar los cambios necesarios a través del Código de Familia. Eso hay que acelerarlo”. “En mi país nos reunimos con sindicatos, con feministas, con organizaciones afro, o sea, intentamos incluir en nuestra causa a una plataforma social amplia. En 2004 las encuestas en Uruguay decían que solo el 38 por ciento de la población apoyaba las uniones de parejas del mismo sexo. A los pocos días de aprobarse la ley se hizo una encuesta que arrojó un 56 por ciento de la población a favor de la ley. Y eso se construyó en 10 años. Cambiándole la cabeza a la sociedad”. La subasta Pasa una cosa en Humboldt 52. Algo que da ganas de esconder la cara entre las manos. Que te pone a pensar en qué momento todos los lugares nocturnos gay desembocan en lo mismo, incluso los que, como Humboldt, están llenando el ostensible hueco que ha dejado la homofobia secular en Cuba. Los viernes, durante el show semanal de la travesti Gala, los dueños del bar llevan a algunos strippers rudos y de hombros curtidos para cebar el morbo de la multitud.

Nótese que los strippers en la mayoría de los sitios nocturnos gay son básicamente los mismos. Muchachos que en su  mayoría se dicen heterosexuales, pero que cuando bajan del escenario y se ponen toda la ropa que se habían quitado, pasean y pasean por el club, macizos y estúpidamente orondos, y terminan algunas veces enredados con alguna groupie o con algún extranjero. Al gay común no lo miran, siempre tienen los ojos puestos en presas más poderosas. En Humboldt 52, sin embargo, las caras de los strippers son caras diferentes, aún tímidas. Rostros principiantes que ahora pasan alguna clase de entrenamiento inicial. Pupilos que nadie sabe de dónde salen. La travesti los presenta y luego les echa encima pomos de agua mineral, y la gente se vuelve loca cuando los ve secarse el pecho con el dorso de sus manos rústicas. Entonces la travesti, que no tiene una idea ni así de cercana de lo que es animar un show, dice, en tono gracioso, unas líneas parecidas a estas: - “Miren, señores, aquí tenemos a este hermoso ejemplar rubio. ¡Qué ojos, señores, qué ojos! Miren, señores, a este ejemplar moreno, para los que les guste el color púrpura”. Y lo primero que a uno le viene a la cabeza es una subasta y la travesti diciendo “¿quién da más, señores, quién da más?: queda esta bicicleta vendida al caballero de la segunda fila”. Lo que debería ser sexy se convierte en un episodio grotesco y repugnante. En el bar gay de moda el cuerpo del hombre es, los viernes, una vulgar atracción de feria. Antes los despreciábamos, ahora les sacamos el dinero Hace aproximadamente un año, cuando Humboldt 52 apenas comenzaba, Le  Chansonier, un bar-restaurante del Vedado, se volvió gay de la noche a la mañana. Le Chansonier fue durante un tiempo el sitio nocturno de moda para muchos gays. Cuando cerró repentinamente (dicen que por una bronca),  Humboldt, que hasta el momento era un bar inofensivo poco tomado en cuenta, y que solo se llenaba medianamente algunos fines de semana, comenzó su etapa dorada. Otros negocios particulares no han tenido tanta suerte como Humboldt, donde los dueños deben estar haciéndose millonarios. Entre otras cosas, el progreso de cualquier negocio particular depende de su ubicación física en la ciudad. No hay mayor cantidad de gays reunidos en La Habana que en las cercanías de 23 y Malecón. Humboldt está a solo una cuadra del Malecón. Las Estaciones, por ejemplo, es un bar particular de condiciones muy decorosas que comenzó hace apenas 4 meses dedicando la noche del jueves al público gay, y aunque ha dado resultado (ya además del jueves abren los viernes y los sábados para este público) queda en la Habana Vieja, perdido entre calles poco populosas. Los bares tienen una ventaja y es que no tienes que pagar para entrar. Te puedes pasar la noche (y es lo que hacen muchos)  esperando que alguien te invite a un trago o alargando una cerveza. Una cerveza allí es como para alargarla lo más que se pueda. La más barata ya está multada. Los cocteles están de 2 cuc para arriba. Y 2 son 4 y  2 son 6 y dos son 8, y sin darte cuenta puedes gastar cuatro sueldos antes de que el bar cierre, a las 4 de la madrugada. Un par de años atrás ningún negocio (ni particular ni estatal) dedicaba un espacio diario y públicamente asumido para los gays El homosexual ha sido, históricamente, una de las escorias más perniciosas ora para la Revolución, ora para una parte grande de la sociedad machista cubana que no iba a permitir que dos tipos se cogieran de la boca frente a ellos. No es malo que abran lugares permisibles para los gays ahora, lo malo es que el beneplácito se lo cobren tan caro. Lo malo es darse cuenta de que la moral, además de con el tiempo, cambia con el dinero.
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La Habana gay, ocho lugares imprescindibles

Los locales de clientela gay crecen en La Habana. La web Cuba Absolutely, una guía para el entretenimiento en la capital cubana, recoge los mejores lugares de la ciudad para este tipo de ambiente.

Desde hace algunos años, el turismo gay y la vida nocturna está viviendo en la Habana un momento de expansión. Son muchos los locales que han abierto sus puertas y que gozan de éxito, como lo recoge la página web especializada en ocio Cuba Absolutely en un artículo en el que recomienda los mejores lugares para vivir la noche en un ambiente gay en la capital.
 
Humboldt 52
De este bar inaugurado en mayo de 2013 destaca la amabilidad de su personal, y la posibilidad de encontrar gente de todo tipo. Se trata de un local con muchos asientos, televisores de pantalla grande donde se proyectan vídeos de música, fundamentalmente artistas cubanos, y con una gran pista de baile.

Son habituales las actuaciones de karaoke, y los miércoles un dúo de ópera que ameniza las noches. Humboldt #52, e/ Infanta y Hospital, Centro Habana. Tel: (+53) 5-330-2989. De 8 pm a 4 am.
 
Cabaret Las Vegas
Aunque no es de los más grandes, sí es un clásico lugar de reunión para homosexuales. Se trata de un lugar oscuro y lleno de humo, lo que hace que muchos no se acerquen, aunque el espectáculo de las 23:00 vale la pena y puede servir como anticipo o complemento a la visita al Humboldt 52. Infanta # 104, e / 25 y 27, Vedado. Tel: (53) 7-870-7939; abierto todos los días de 10 pm a 4 am.

Escaleras al Cielo
Esta discoteca es un lugar de moda cada viernes por la noche, cuando la juventud cubana gay se agolpa en su gran pista de baile al son de un DJ en vivo. Hay una bola de discoteca y un sistema de luces láser sorprendentemente sofisticado para Cuba.

Uno de los más conocidos de La Habana, en el que tampoco faltan las mujeres y hombres que realizan actuaciones. Zulueta # 660 e / Apodaca y Gloria, La Habana Vieja; Tel: (53) 7-861-9198; abierto los viernes de 10 pm a 3 am.



Cine Club Diferente
Este es uno de los mayores lugares para encuentros del colectivo homsexual de Cuba, que tiene lugar cada mes en Cine 23 y 12, regentado por el conocido crítico de cine Frank Padrón, lo que da como resultado un local en el que el celuloide tiene un papel especial y se pueden ver películas que tocan temas de diversidad sexual como Outrage o Harvey Milk, además de la clásica Fresa y Chocolate. Situado en Calle 23 e / 10 y 12, Vedado, el segundo martes de cada mes a las 20:00 h.

Fashion Bar Habana
Uno de los pocos clubes de travestis de Cuba. El propietario, conocido como Luisito, pasó muchos años en Holanda, antes de regresar a la isla, y sabe cómo hacer pasar a sus clientes un buen rato en el local. Según Cuba Absolutely, el personal es magnífico, y el ambiente adquiere más grados a partir de las 23:00 h con un espectáculo de danza muy singular.

Se recomienda hacer reservaciones. San Juan de Dios, esq. un Aguacate, Habana Vieja; Tel: (53) 7-867-1676; abierto los sábados de 9 pm a 4 am.


Café Bar Madrigal
Dicen de este lugar que uno se siente más en San Francisco que en La Habana. ¿Por qué? Decoración pop art, los cócteles de lujo, y la actitud del personal, hacen de este lugar de reunión en un segundo piso un sitio de encuentro para todo tipo de personas, incluyendo a hombres y mujeres homosexuales de 25 a 45 años. 

Un hombre sostiene la bandera gay en una playa de La Habana.Un hombre sostiene la bandera gay en una playa de La Habana.
Lo que este lugar tiene a su favor son los confortables asientos y áreas tan cool como su terraza y la sala de estar, donde también se degustan deliciosos postres. Tiene su parte negativa según la página web, ya que todo el interior es de ladrillo y puede ser ensordecedor cuando hay multitud. Calle 17 # 809, e / 2 y 4, Vedado; Tel: (53) 7-831-2433; abierto de martes a domingo 6 pm a 2 am.

Café Fortuna
Este rincón está algo alejado de la zona de moda, pero dicen de él que es tan acogedor como un local del West Village neoyorquino, con una decoración interior a juego. Hay máquinas de escribir antiguas, radios y otros objetos curiosos que cuelgan de las paredes, y cosas raras como una bañera para dos o un viejo coche americano para relajarse con un capuchino.

Los que desean fumar encuentran aquí un buen lugar para hacerlo, y los que quieren una amplia variedad de especialidades de café bien hecho también lo tienen. 3ra Avenida, esq. un 28, Miramar; abierto todos los días 8 am a 10 pm.

Bar Bohemio
Si buscas un bar relajado, con un ambiente tropical y chill en La Habana éste es el escogido. Propiedad de una pareja de bailarines de danza contemporánea ya retirados, este local restaurante está situado en una mansión del Vedado con estilo sofisticado casual y una terraza llena de plantas, iluminación cálida y sillones individuales.

Lo recomiendan para una primera cita, por ejemplo, por su acogedora atmósfera. Calle 21 # 1065, e / 12 y 14, Vedado; Tel: (53) 7-833-6918; cerrado los lunes.

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